El poder de la semilla

Todo cambio profundo comienza siendo casi invisible.

Una vez vi el momento exacto en que un brote de calabaza rompía el suelo y salía a la superficie.

Fue en Tarroja de Segarra. Era una tierra muy arcillosa y compactada.

Un trocito de tierra salió catapultado.

Me impresionó.

Debajo había una hojita diminuta y un tallo flexionado que parecía haber estado durante días (¿o semanas?) empujando para salir.

Parecía imposible que eso tan pequeño y frágil hubiese levantado aquella tierra tan compacta.

Pero lo hizo.

Vaya si lo hizo.

Porque era el momento.

Cuatro meses después ya estábamos recogiendo calabazas con montones de semillas dentro.

Esa es la abundancia de la naturaleza.

Exponencial.

Hay que pasar el invierno, eso sí.

No te lo quita nadie.

Pero cuando es hora de salir, sale.

Cuando es hora de florecer, florece.

Cuando es hora de dar frutos, adivina lo que hace.

Y ahora es cuando hago el paralelismo contigo.

Porque si has estado gestando un cambio, en la cueva, atravesando tu invierno y esperando el momento adecuado.

Si ya tienes ganas de empujar y que se abra una nueva etapa en tu vida.

Una donde poder florecer y compartir tus frutos, este es tu momento.

Te está llegando la primavera.

Y ya sabes, si llega, llega.

Date la posibilidad de catapultar eso que te entierra y no te deja ver la luz.

Por pesado que parezca.

La fuerza de La Vida está disponible para ti.

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