El cuerpo no se equivoca

Aprender a confiar en las señales que llevamos dentro.

Estamos muy acostumbrados a pensar.

Tenemos una cabecita llena de voces:

Unas dicen una cosa:

“Estoy muy gorda, tengo que adelgazar”.

Y otras otra:

“Jolín qué bueno tiene que estar ese pastelito”.

En realidad quieres comerte el pastelito y adelgazar pero ahí tenemos otra voz que dice:

“Ya pero eso no puede ser, si quiero adelgazar no debo comerme el pastel”.

Aunque en realidad quieres.

Pero no puedes.

Entonces si te lo comes, te sientes culpable, si no te lo comes te sientes frustrada.

Y así vamos por la vida.

Discutiendo todo el rato con las 1000 voces que tenemos dentro.

A eso le llamamos pensar.

Y nos creemos muy inteligentes y todo.

Hay otro tipo de inteligencia.

Muy grande.

Poco reconocida.

Poco escuchada.

No, no es la emocional.

Te hablo de la inteligencia corporal.

¿Cómorrrr?

Pues sí, tu cuerpo es inteligente.

Muy.

Cuando está cansado pide descansar.

Cuando tiene sed, beber.

Cuando tiene hambre, comer.

Algunos dirán que eso es básico.

Claro, tan básico que si no lo escuchas podrías morir.

El cuerpo manda señales y aparecen sensaciones.

Si hay vacío en el estómago empieza la incomodidad y aparece la necesidad de comer. Entonces nuestro instinto nos empuja a movernos para llenar la tripa.

Tú no piensas que tienes hambre, lo sientes o no.

Aunque somos “tan inteligentes” que la mayoría de las veces comemos porque pensamos: es “la hora de comer”. No porque sintamos realmente el hambre.

Y como con comer con todo.

No escuchamos nuestro cuerpo.

Por eso llega alguien de fuera, un “experto” normalmente, y te dice. Tienes que comer X calorías al día, beber 2 litros de agua y dormir 8 horas al día. Eso es lo “normal”.

Y quien se salga de ahí a los leones.

“Tú es que duermes mucho (o poco)”.

“Tú es que comes demasiado”.

“Tú es que bebes poco (o mucho si no es agua)”.

Etc.

Y puede ser que tengan razón.

O no.

Pero ya no lo sabemos porque no escuchamos el cuerpo.

Ya no sabemos si nos sienta bien seguir con nuestra pareja o no, hablar o no con mi padre, seguir en este trabajo, discutirme con mi hijo, ir a la playa o a la montaña.

Vamos más perdidos que perdidos.

Y entonces pensamos más. Y nos perdemos más.

Porque no escuchamos el cuerpo.

Pero solo hay que seguir las sensaciones del cuerpo.

No necesitas pensar ni entender nada.

Primero sentir.

Luego entender.

En ese orden.

Al revés no.

Y después de entender, sentir de nuevo.

Y con ese nuevo sentir la realidad es distinta.

No he dicho que cambie.

He dicho que es distinta.

Aunque a veces cambia también.

Pero todo esto solo son muchas palabras, mucho pensar.

En realidad, te invito a dejarte sentir y a dejarte sorprender por lo que tu cuerpo te dice.

Muy básico.

De importancia vital.

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