¡Habla bien!
También y, sobre todo, cuando hables contigo.
—¡Buff, qué pereza!
—A ver si hoy no llego tarde.
—Joder con el puto atasco.
—Vaya día que me espera hoy.
—Mierda, no me acordaba.
—Joder, todavía son las 10:00 h.
—Vaya rollazo me toca aguantar.
— ¡Ostia!, tengo que ir al súper.
—A ver cómo me lo monto para recoger a la niña.
—Deja de soñar, eso es imposible.
Y demás lindezas.
Reconócelo.
Estás todo el puto día hablando contigo mismo.
Algunos incluso en voz alta, de vez en cuando.
¿Cómo crees que influye eso en tu vida?
Te pondré un ejemplo.
El placebo es una pastilla que no tiene ningún componente que ayude a curar nada. Algo de azúcar y punto.
Pero si te la tomas y crees que es un medicamento y que mejorarás con él las posibilidades de que mejores aumentan.
Mucho.
Es probable que te sientas mejor solo por creer que te sentirás mejor.
Es posible que te digas cosas del tipo: esto que me he tomado me aliviará el dolor. Me voy a sentir mejor. Me voy a recuperar pronto, etc.
Y eso da un resultado físico, en muchos casos. La mejoría es constatable.
¿Tanto poder tiene la mente sobre nuestro cuerpo?
Pues sí, porque el cerebro genera sustancias químicas dependiendo de lo que pensemos.
Si estás con pensamientos que te provocan estrés genera cortisol, si vas a ver a tu novia/o para darte un revolcón dopamina.
Son drogas que nos generamos nosotros mismos.
Y esa “droga” la manejamos cada día con cada pensamiento.
Cada pensamiento que nos apoya y cada pensamiento que nos va en contra.
Cada pensamiento es un camello que te va a buscar droga.
Entonces ¿qué droga te vas a meter en vena?
Para poder elegir debes saber hacer judo con tus pensamientos. Los que no te gustan pero están ahí.
Aprender a utilizar la fuerza y energía que hay en esos pensamientos para darles la vuelta.
Entonces dejas de luchar contra ellos (ahí tienes la batalla perdida) y simplemente se ponen a tu servicio.
Cada pensamiento “negativo” te acerca más y más a tu pensamiento “positivo”.
Lo matiza, lo completa, lo define con más claridad. Atendiendo todas tus necesidades sin que se cree contradicción.
Cuando no hay contradicción nos creemos las cosas. Y lo más importante nuestro subconsciente se lo cree.
Y cuando el subconsciente se cree algo prepárate porque lo vas a tener en tu vida. Sea bueno o malo al inconsciente le da igual.
Si tienes Fe, certeza, eso aparece.
Antes o después.
Si te hablas bien, más de lo que te hablas mal, podrás transformar tus “pero es que…” en “estoy viviendo lo que deseo”.
Garantizado.