El chupacharcos

Cómo repetimos caminos que ya conocemos aunque nos hagan sufrir.

En casa de mis padres siempre había un chupacharcos debajo del fregadero de la cocina.

Nosotros lo llamamos así en mi familia de origen. La gente normal lo llama desatascador.

Las familias tienen estas cosas curiosas de tener su propio lenguaje que tiene que ver con su lugar de procedencia también.

Somos de un pueblito de la provincia de Granada, muy cerquita de la frontera con la provincia de Córdoba. Algarinejo se llama, casi seguro que no lo conoces.

Nosotros sí lo conocemos, nacimos allí.

Y por eso para mí una lata de melocotones en almíbar tiene asociaciones que casi seguro no puedes imaginar, pero vaya que eso es otro tema.

Antes de venirnos para Catalunya vivíamos en la calle Calvario.

Debe su nombre a lo empinada que es.

A este hecho se le suma que al final de la bajada hay una iglesia donde alguno de los panaderos, que repartían pan casa por casa, había estampado la furgoneta.

Por suerte no hubo ascensiones a los cielos y todo quedó en un susto.

Por cierto, ahora que pienso en lo de vivir en la calle Calvario, igual debería constelarlo.

Lo que significa digo.

Porque de allí yo me fui a los tres años, y ya tengo 48 primaveras, pero dejar de vivir en esa calle, la del Calvario digo, pues igual hace menos de diez.

Y que de vez en cuando aún paseo por esa calle no te creas.

Y eso pues pasa mucho, uno se va de un sitio pero se lo lleva con él.

O te vas de casa de tus padres pero te los llevas contigo, su imagen claro, ellos no. Te llevas sus ideas, sus pensamientos y sus creencias.

No me digas que no.

Sobre todo si tienes hijos lo habrás visto. Ahí salen, de no se sabe dónde, las mismas frases de tu padre o tu madre, las mismas actitudes, los mismos castigos…

Hay personas que dicen que a ellos no les pasa eso. Claro, claro. Si no te das cuenta es como si no lo hicieras.

Así funcionamos, por repetición. Observo, intengro y repito (de forma inconsciente).

Es cuando te sorprendes gritando: “¡A mí no me levantes la voz!” y hay quien lo hace toda la vida y le parece hasta coherente y todo.

Hay gente pa tó, como dicen en mi pueblo. A ti no sé pero a mí me ha pasado, literalmente.

De lo que me estoy quitando es de hacerlo toda la vida. El caso es que, si lo ves, bien por ti.

Ahora hacer algo distinto es otro nivel, otra liga, otro juego.

Y ya escoger la mejor opción de entre todas, la mejor para ti, que es la mejor para el otro al final, no es que sea otro nivel es que es otro mundo.

Otra vida.

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