Ya sé que me dirás que sí, que claro que quieres ser feliz.
Pues mira, no. Tú no quieres ser feliz.
Ser feliz es algo abstracto que tienes en tu cabeza y por eso mismo, mientras lo sea no lo puedes vivir. O incluso si lo vives no puedes reconocerlo.
Me dirás que tú ya sabes lo que te haría feliz.
Bien, pues haz la lista y hazlo.
Pero lo curioso es que al hacer la lista muchas veces lo que aparece es lo que no quiero.
No quiero ir a trabajar.
No quiero discutir más con mi pareja.
No quiero tener relaciones sexuales de esta forma.
No quiero que me ignores.
No quiero envejecer
No quiero limpiar la casa
No quiero…………………………………………….. (rellena el hueco con lo que te corresponda)
Y todo eso, obviamente, es lo que no quieres, no lo que sí quieres.
Además tras cada «no quiero…» suele ir un «pero…»
No quiero levantarme pero tengo que ir a trabajar.
No quiero ir a trabajar pero necesito el dinero.
No quiero discutir más con mi pareja pero es que él-barrita-ella no me escucha.
No quiero …………………………………………. pero ………………………………….
Entonces te autoconvences de que eso es lo que tienes que hacer y que no puedes cambiarlo. Y entonces sigues igual.
Eso sí, te dices que quieres ser feliz. Pero mira, no.
Vete a lo más simple y observa.
Yo si tengo la suficiente sed me digo: «quiero beber un vaso fresquito de agua». Y entonces me levanto, me lo sirvo y me lo bebo.
No me digo: «no quiero tener sed».
Eso no tiene sentido.
Primero identifico lo que quiero de forma concreta y después hago las acciones pertinentes para conseguirlo.
Te pongo el mismo ejemplo, de otra humana.
Mi hijastra de 13 años dice: «Tengo sed, pero me da palo». Y claro como le da palo pues no recorre los 5 metros que le distancian de la nevera, no se levanta, no se sirve y no bebe.
No te creas que la estoy criticando porque no. Solo mira la inteligencia que hay detrás.
Lo que está diciendo en realidad, sin decirlo, es algo como esto: mi necesidad primaria en este momento es ahorrar energía, (estar sentada, tumbada, descansar). Detecto otra necesidad pero de momento la primaria es mayor. Así que obedezco a esta necesidad.
En realidad ella quiere satisfacer ambas necesidades: no moverse y beber agua (por eso lo dice en voz alta ante nosotros, la muy pilla). Y bastantes veces lo consigue, sobre todo si está su madre presente.
No me digas que no hay inteligencia ahí detrás, Mucha, pero mucha, mucha.
En otras ocasiones solo estoy yo, el ogro de su padrastro, así que lo que suele pasar es que no bebe. Eso está bien, hace caso a su necesidad primaria de no moverse.
Dentro de una hora, o de cinco, su sed habrá aumentado hasta pasar a ser su necesidad primaria y entonces, y solo entonces, moverá su lindo culo hasta la nevera a por el dichoso vaso de agua.
Lo que pasa que a mí si hacía lo mismo a su edad, que seguro que lo hacía, pues me llamaban flojo. Es decir, me culpabilizaban.
Y entonces ahí me activaban otra necesidad con la esperanza de que pasara a ser la primaria. Se llama manipulación, también.
En esta anécdota hay una lección de vida gorda, gorda.
Para quien sepa mirar, claro.
Tan gorda que podría que si la aplicas podría ayudarte a ser feliz.
De verdad, digo.
Algunos lo verán, la mayoría no.
Todo en orden.