Deja de hacer el besugo

Muchas veces repetimos lo que hemos aprendido sin preguntarnos si eso aún tiene sentido.

Te aseguro que al final de esta historia casi seguro verás que es también tu historia.

Ver es la palabra clave.

Mi abuela, hacía un rico y enorme besugo al horno por Navidad.


Y luego hasta la Navidad próxima, con suerte, que la cosa no daba para mucho más en aquella época.


El besugo parecía enorme pero la realidad es que era el horno el que era más bien pequeño.

Cortaba la cabeza del pescado en cuestión, la retiraba y colocaba el resto del besugo en el horno donde lo cocinaba siguiendo la receta de su madre que a su vez la había aprendido de la suya.


Y de esa misma manera lo cocinaba mi madre y mi hermana mayor. Hasta que vaya usted a saber por qué mi sobrina, de 14 años, el día de Navidad, hizo una  pregunta fatal a su madre.

     –Mamá, ¿por qué le cortas la cabeza al besugo para ponerlo en el horno?

Y mi hermana:
     –(…) Bueno pues… ¡!??!¿?¿!?¿ Ummmm…
     –Pues no sé, la abuela lo hace así.

Y la niña hizo lo impredecible, por lógico. Se fue y le preguntó a la abuela.
     –¿Abuela por qué le cortas la cabeza al besugo para ponerlo en el horno?
Y mi madre:
     – (…) ¡!??!¿?¿!?¿ Ummmm…
     –Pues no sé, mi madre lo hacía así.
Sí, la bisabuela, Tutankamon, vivía aún.

Y pallá que se va la chiquilla.

     –Abuela.
     –ABUELA!!!!

con la consabida pregunta.
     –¡!??!¿?¿!?¿ Ummmm…
     –Pues no sé.
Pero tras un silencio se paró un momento, mirando a la altura de su oído izquierdo, como si alguien le susurrase desde atrás, y añadió:

     –Bueno es que el horno era pequeño y no cabía entero.

     –Oh!
     –Ah!
     –Vale!

Pues eso es lo que pasa.

Que repetimos las cosas porque las hemos aprendido así y en muchas ocasiones no tenemos ni idea de por qué, ni si esa es la mejor forma.


Solo lo hacemos porque fulanito de tal lo hacía así y punto.


O peor ni siquiera sé que estoy repitiendo nada, lo hago así porque es “lo normal”, porque ni me he planteado que se pueda hacer de otra forma.


Eso es lo que se llama: repetirse más que el ajo.

Y cuando lo que repites es cortarle la cabeza a tu pareja, por besuga, o seguir siendo pobre, o trabajar como una bestia, o la soledad, o ir arrastrando por la vida, o… , o…

Pues ese repetir sin saber lo que estás haciendo ya deja de ser una anécdota graciosa.
 
Entonces si puedes ver el motivo, si puedes ver el patrón, si puedes ver…

todo cambia.

De repente tú decides cómo cocinas el puñetero besugo e incluso si prefieres rape o entrecot.

O lo que es lo mismo empiezas a ser libre para elegir lo que quieres en tu vida.

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