En esta cultura occidental nos hemos olvidado de que hay una sabiduría que está más allá de la razón.
Un saber que se almacena en los huesos, en la piel, en el sistema nervioso, en el corazón, en todas y cada una de nuestras células.
Las experiencias las vivimos con nuestro cuerpo.
Intenta explicarle a alguien cómo se monta en bicicleta.
Escribirías cientos de páginas pero aunque alguien lo leyera y lo entendiese no sabría ir en bici.
Porque para aprender a ir en bici tienes que vivir la experiencia en tu cuerpo. Con la experiencia (y algunas caídas) tu cuerpo recoge muchos datos y poco a poco va aprendiendo hasta que puedes montar en bici sin problema.
Información vivida.
Como, por ejemplo, cuando tienes miedo y tu cuerpo lo siente y se encoje.
Entonces cuando tú te encojes puedes empezar a sentir miedo. El cuerpo asocia la sensación corporal con la emoción.
Porque no me negarás que la alegría la sientes en tu boca cuando de forma instintiva se elevan las comisuras de tus labios. Ya sabes, eso que llamamos sonrisa.
Pero estamos acostumbrados a pensar.
Que está muy bien no te creas, lo que pasa es que sentir es una fuente de conocimiento, de información, verdaderamente impresionante.
Y estamos muy desentrenados, la verdad.
La buena noticia es que se puede entrenar.
Y cuando empiezas a escuchar a tu cuerpo muchas cosas cambian.
Te respetas más.
Tomas mejores decisiones.
Y disfrutas más.