Chica, 36 años.
—¿Qué necesitas?
—Estoy aburrida, es como si estuviera esperando que pasara algo. Cuando termino mi trabajo y mis tareas cotidianas me siento en un espacio vacío. No tengo dirección.
Le pido que se enfoque en el cuerpo.
Presión en el pecho, el corazón se acelera, nudo en la garganta.
Aparecen las lágrimas y la tristeza.
Y aparece la frase “estoy sobrepasada”.
Seguida de “algo es más grande que yo y no puedo”.
—¿A quién le prometiste cargar con todo?
—A todos (sigue con el llanto)
—Bien, colócalos a todos juntos.
—Dime, ¿ves a alguien ahí?
—A mi madre (más lágrimas).
Así que ya tenemos lista la constelación.
—Dile a tu madre: “mamá esto es demasiado grande para mí. Esta carga no me pertenece, te la devuelvo”.
—“No puedo, no puedo”.
—Entonces di simplemente: “yo solo soy una niña”.
—Yo solo soy una niña —mientras llora y su cuerpo se va relajando—
Pero no puede decir que le devuelve la carga. Su lealtad y amor de niña no le dejan.
—Ahora vas a representar a tu madre.
—Vas a escuchar a tu hija que te dice: “mamá te prometí cargar con todo y voy a seguir haciéndolo”
—¿Cómo te sientes siendo tu madre?
—Me oprime el pecho y la cabeza, no me gusta.
—Y si te dice “mamá dejo esta carga contigo, es demasiado para mí”, ¿cómo te sientes?
—Algo se alivia, pero tampoco me gusta, es que yo tampoco puedo con esta carga.
—Claro. Gírate. Ahí tienes a tu madre —le flaquean las rodillas y se va al suelo y de ahí se inclina hacia adelante, llorando.
—Di “yo solo soy una niña”.
—Solo soy una niña —y añade— ya no puedo más —entre sollozos— tanto sacrificio.
Y ya tenemos el mandato que ha salido a la luz.
“Debes sacrificarte por tu madre / familia.”
Lo que significa “entrega tu vida, tu vida no es importante”.
Hoy la sesión de terapia pedía constelación a gritos.
Ya antes lo utilizaba porque de tanto acompañar a mi mujer a los talleres de Constelaciones algo se me había pegado.
Pero la verdad desde que hice la formación con ella esto está mucho más presente en mí y veo la enorme fuerza que tiene.
Al final de la sesión me dice la chica.
— Hace 5 años que no hablo con mi madre.
No habla con su madre pero su lealtad inconsciente sigue intacta.
Y así es como, por el amor infantil de querer salvar a mamá y papá, traspasamos la carga y los mandatos de una generación a otra.
Hay una buena noticia.