No seas buena persona

La diferencia entre agradar a los demás y ser fiel a uno mismo.

Sé buena con las ONG que te paran por la calle, mientras vas a despilfarrar tu dinero con compras superficiales.

Y seguimos jugando con la culpa, que eso vende.

Sé buena, anda, paga tus impuestos, jubílate a los 67, tú sé buena.

Sé buena persona anda, dame el euro del carrito.

No te salgas del rebaño, si los perros están a tu izquierda tú a la derecha. Si están a tu derecha tú a la izquierda. Si hay uno a cada lado tú al centro. Que el miedo sea tu motor.

Tú obedece y sé buena. No pienses.

Ya sabes cómo te decía mamá y papá.

–Anda, sé buena.

Y tú lo hacías

Para que te quisieran.

Y entonces te sentabas en silencio a comer y te terminabas el plato aunque no te gustara.

Te ponías delante de los libros, a estudiar para traer buenas notas.

Te ibas a dormir pronto.

Porque eres buena y si no… atente a las consecuencias.

No te querrán, te castigarán, te despreciarán, te ignorarán y eso da mucho miedo.

No cualquier miedo, sino ese miedo que se mete en el estómago y hace que te encojas como un ovillo por dentro. Ese que te paraliza poco a poco, que se come tu voz y casi apaga tu respiración.

Ese miedo que de forma inconsciente te dice: si no eres buena morirás.

Porque si tus padres no te quieren, y no lo harán si no eres buena, te abandonarán y morirás porque tu vida depende de ellos.

Claro, eso pasó hace muchos años y ya no estás ahí.

¿Seguro?

Eres buena persona.

Piensas en tus hijos antes que en ti, en tu pareja, trabajas mucho, cuidas a tu madre.

Eres una buena hija, una buena madre, una buena esposa, una buena trabajadora, una buena…

¿Sigo?

Porque ser buena es una forma de sutil dictadura. Haz lo que yo digo y entonces serás buena, si no lo haces no. Solo que tú te has convertido en tu propia dictadora, sin saberlo.

Hazme el desayuno, la comida y la cena, lava mi ropa, limpia mi cuarto y dame dinero para salir porque hoy tengo ganas y eres una buena madre.

Quédate una hora más, cierra tarde, ven pronto, date prisa y no te quejes, estás de suerte porque hoy lo necesito y tú eres una buena empleada.

Déjate penetrar porque hoy tengo ganas, eres mi mujer y eres una buena esposa.

Quizás tu madre o tu abuela también eran buenas, recibían golpes o insultos y callaban.

Y como tú eres buena entonces, sin saberlo, también quieres que tus hijos sean buenos, lo intentas. Ser bueno es importante.

Por suerte uno se ha dado cuenta de la dictadura e intenta escapar. Explota de rabia en ocasiones, desenfrenado, y tú no sabes qué hacer.

Porque ese niño no quiere que le penetren. Que penetren su voluntad obligándole a ser bueno, no quiere que le dejen sin la protección de su rabia, sin energía para construir su futuro, sin una sexualidad plena.

Ese niño está aquí para decir basta. Si sabes escucharlo quizás tú también puedas salvarte y dejar de ser buena persona.

O tal vez sucumba por amor y empiece a ser bueno, entonces tal vez sea demasiado tarde para ambos.

Aunque la vida, que es más sabia que nosotros, empujará una y otra vez para que tú recuperes la rabia y los tuyos también, la familia, el sistema familiar. Para que tú recuperes la capacidad de poner límites, de luchar por tus sueños, de tener energía. Entonces entenderás que lo que tú hacías no es ser buena persona es aniquilarse.

Pero la vida empuja y tal vez te ponga delante este texto y tal vez te decidas a cambiar.

Tal vez veas lo que necesitas para dejar de ser buena persona. Al menos eso que creías que era serlo.

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